miércoles, 30 de mayo de 2007

FOTOS DE LA CIUDADELA



UNA HISTORIA HECHA IMAGEN



























GRAFICAS

En esta grafica se muestra la preferencia en cuanto al sexo de sistencia a bailar.



Se muestra el rango de edades de los asistentes a la cuidadela.

El tiempo de saistencia se encuentra reflejado en esta grafica.



En esta grafica se observa el sexo y la delegacion a la que pertenecen lños asistentes a bailar en la ciudadela.





En la ultima grafica se refleja la edad y la delegacion correspondiente de los asistentes de la ciudadela



EL FESTÍN TIENE QUE ACABAR


El festín tiene que acabar
Por: Natal Cosío Verónica Idalia


Apenas se puede pasar, cada quien esta con su respectivamente pareja, con la

cual están tan acoplados, que pareciera que cada uno es su media naranja .

Entre todo el ejercito de gente, puede observarse una en especial, esta sencilla

pareja puede distinguirse debido a ese sabor que le ponen al baile, tal vez todas

las parejas lo tengan, pero no como ellos pues la manera de contonear la cadera

deja boquiabiertos, definitivamente solo ellos pueden hacerlo.

Pasa del medio día y el sol esta en su punto , toda la plancha parece una sartén

en la cual se están friendo debido al calor, pero eso no importa para esas

personas que están disfrutando del baile.

Se escucha lo lejos una infinidad de ritmos, pero el que más seguidores tiene es

el grupo de salsa, este ritmo contagia a todos los presentes, al voltear se puede

ver que entre la multitud hay parejas que no se atreven a pasar al centro.


Otros tantos corean la canción que se escucha “te va a doler, tarde o temprano,

ya…”la gente canta con mucha euforia.

A las orillas de la ciudadela podemos ver grupos de personas reunidas imitando

los pasos que alcanzaron a ver de aquellas parejas que si se atrevieron a bailar .

Rápidamente se va el día, la gente comienza a retirarse, pues esa manifestación

de gente que pareciese que nunca se iba a cansar de bailar, se iba.

Dejando desolado todo aquello que horas antes había sido testigo de un gran

festín.


ASERINA Y SU DANZONERA

Aserina y su Danzonera, Don Omar, Maelo Ruíz, con ellos y más a bailar



Por:Ponce Sánchez Anai Pammela



Cabecitas blancas, mujeres frondosas, señores de sombrero, chavos con sus novias, niños con sus paletas y raspados, todos reunidos para pasarla de lo mejor bailando. Esto y más es lo que se podemos encontrar en la Ciudadela en la tardes todos los sábados.

Con diferentes estilos de vestir, chicos y grandes vienen a este lugar a olvidar sus problemas, a relajarse por un momento, a sentirse vivos, incluso a algunas les sirve para bajar de peso.

“Aquí venimos a bailar siempre, para divertirnos y porqué no para bajar unos kilitos que nos sobran”. Esto dijo Doña Mari con una sonrisa en la boca que ya tenía seca de que se estaba muriendo de la sed. Doña Mari es una mujer de 46 años que cada sábado desde hace 5 años asiste a la Ciudadela a bailar de todo tipo de música.

“Ahorita lo nuevo es el Reggeaton, que aunque me cuesta un poquito de trabajo me gusta, pero aquí el maestro es muy bueno y enseña muy bien. Pero lo mío lo mío es la Salsa”, esto dijo Doña Mari cuando se le preguntó cuál género es su favorito para zapatear un rato.


En la Ciudadela existen varios clubes que se reúnen para bailar distintos tipos de música. Los más grandes prefieren el Danzón, aunque no falta aquel que se siente más en ambiente bailando Cumbias y Bachatas. Los más jóvenes si le entran a todo, desde las Salsas, el Merengue el Reggeaton, las Cumbias, las Bachatas e incluso el Danzón.

Doña Mari, siempre va sola sin embargo el ambiente es bastante ameno y alegre que no falta nunca con quien bailar. “Pues yo siempre vengo solita, pero aquí te encuentras a gente que ya conoces, o aunque no los conozcas no falta alguien que te saque a bailar. Pero pues no importa si alguien me saca a bailar o no, yo de todos modos bailo aunque sea de a solista”.

Así como la señora Mari algunas personas también bailan solas. Les agarra el ritmo y no les importa bailar acompañadas, con el simple hecho de tener ganas de bailar y de sentir la música les basta. “Las personas que bailan solas, no es porque estemos solas sino porque así nos gusta bailar “, estas son las palabras de Don Gustavo, un joven de la tercera edad, jubilado quien asiste a la Ciudadela desde hace 4 años y medio.

“Me gusta bailar solo porque me da cosa que venga mi vieja y me cache bailando con una muchachona”, soltando una carcajada Don Gustavo prosigue a bailar su pieza con la música, con el sentimiento y las melodías. Y al ritmo de Maelo Ruíz se avienta una zapateada.

En Ciudadela cada sábado se viene a relajar, a olvidar los problemas. La distracción es una buena medicina para dejar los dolores que le aquejan a uno. El baile es esa medicina, es esa distracción que deja de lado lo malo y aviva lo positivo de las personas que sábado con sábado asiste a este espléndido lugar.

"EN LA CUAUHTÉMOC SE BAILA ASÍ..."

"En la Cuauhtémoc se baila así..."

Por: Leyva Gómez Z. Esther

Todos los fines de semana, la Plaza de la Ciudadela se convierte en una academia de baile. Hay mucha elegancia: las mujeres con vestidos que marcan la época del buen danzón, sus rostros llevan un poco de color rojo en las mejillas y en los labios. Los hombres son un poco más desalineados, pero aún así sin perder esa mima elegancia que les caracteriza y que da a entender que van a bailar danzón.

Son miles de personas que se reúnen en la calle para aprender a mover la cadera. Sin inscripciones, ni requisitos. El ritmo es contagioso e invita a intentarlo. El danzón es, por su historia, uno de los bailes de preferencia de los citadinos. Es por eso que hace once años surge la Plaza del Danzón (ubicada a un lado de la Ciudadela, en el centro del DF) como parte de un proyecto para darle una verdadera utilidad a ese lugar, que estaba ocupado por indigentes.

“En realidad, no se aprovechaba de ninguna manera”, comenta Rosalinda Aceituno Ríos, encargada de la conducción del evento y de la organización de los demás eventos de la delegación. Rosalinda, además de conducir el evento, vive también junto con las personas el ritmo y las historias que se dan en la Plaza.

Comenta, “Para mí, el danzón significa vida, es terapia, es salud, es convivencia, es alegría…”. Ha trabajado en la delegación Cuauhtémoc desde hace once años. “Las historias son muy ricas; hay niños que han sido campeones y han salido de aquí, también tenemos el primer sacerdote que viene cada sábado a bailar, también vienen personas invidentes: es muy interesante mi trabajo”.

En esta Plaza, además de el baile y de las personas que van a aprender y otras a practicarlo, se han dado “historias de amor”. Es Rosalinda la que nos comenta que a ella le ha tocado ver y compartir esas historias desde hace ya once años, “hemos tenido de todo: parejas que se reúnen, que se encuentran, se juntan, se casan y siendo ya personas de la tercera edad; porque yo creo que sí sirve que bailen y se distraigan y no estén en su casa esperando la muerte que así llega más rápido”.
Es un espacio de convivencia “de los que ya no hay, porque aquí vienen familias enteras a pasar un momento agradable, los padres y abuelos enseñan a los chicos y se hace un convivio, sin estar pensando en los problemas que se viven a diario”.

Aunque Históricamente, el danzón llegó de Cuba, es sensual, seductor por naturaleza. “Pero a mí me gusta cómo lo bailan las mexicanas, con esa coquetería, el movimiento de las manos y de las caderas, por eso me gusta enseñarlo a muchachas”, comenta Salvador Salgado, maestro de baile en la Plaza.

Salvador tiene dos años enseñando salsa, merengue, cha cha chá y danzón. Son bailes que también se practican en la Plaza, pero el que predomina los sábados y por lo que se conoce más y por el danzón.

Debemos terminar con la mentalidad de que el danzón es exclusivo de las personas mayores, no es así. Ir a bailar a la Plaza es un buen ejercicio físico y de convivencia. La Plaza del Danzón, está ubicada en la Plaza de la Ciudadela, en las calles de Enrico Martínez y Emilio Dondé, en la colonia. Centro, para pasar un rato ameno junto a personas con gustos similares.

















EN LA CIUDADELA EL AMOR HALLÉ

EN LA CIUDADELA EL AMOR HALLÉ

Por: Hurtado Romero Wendy

Amor…palabra difícil de conceptuar y describir, ¿acaso sólo se refiere al sentimiento que se expresa hacia las personas? La respuesta, que una mujer de edad avanzada y ánimo vigoroso ha encontrado en la Plaza de la Ciudadela de México, es un rotundo no. Marina a sus 61 años ha logrado descubrir respuestas a cuestionamientos que de forma inconsciente la vida le ha obligado a realizarse, “pensaba que sin él…mi mundo se acabaría, pero después de venir aquí descubrí que amo más el baile” (risas).

Sábado 12 de mayo, Plaza José María Morelos (mejor conocida como Plaza de la Ciudadela), se puede ver la gente de diferentes edades reunida en grupos, buscando un mismo fin: disfrutar un día completo de baile, por pasión a él o aspiración de aprender a manifestarlo de una mejor forma; el clima parece no favorecer pues el cielo se ve nublado y han comenzado a caer ligeras gotas sobre los rostros y trajes que hacen elogio al principal baile ejecutado en este recinto, el danzón.

En las áreas que rodean los jardines se hallan grupos de salsa, mambo y hasta danza prehispánica, ni habar, aquí sólo hay de dos sopas o te quedas observando y admirando lo que se hace en cada clase o le entras a una, nada más recuerda… bailando y cooperando de a cinco pesitos, como dice una voz grave a través del altavoz. Entre pasos de danzón (cuadro, columpio, acordeón y rondón) se halla Marina quien cansada de bailar éste, desde las once de la mañana, ha decidido ir a la lona de enfrente.

Entre una pieza y otra Marina sin temor alguno comenta sobre su vida – ha dejado de sonar el merengue es momento de saber que su matrimonio duró 29 años, en el que tuvo 3 hijas, “a mi me ha gustado el baile desde chica, pero a mi marido no, nunca me prohibió ir a bailar pero tenía que atender el negocio, así que pues por mucho tiempo no fui a fiestas”. Después de años la vida marital se vio truncada por una tercera persona, su marido la engañó y ella decidió pedir el divorcio.
De lo anterior hace ya dos años, la depresión comenzó a calarle, sentía que su vida no tenía más razón de ser, pero hubo una persona que hace un año la invitó a la Ciudadela, desde entonces “mi vida cambió hasta me siento mejor, ya ni le hago caso a las enfermedades, de mi marido ni que hablar…ya no me interesa, por mi que se quede con la otra, porque yo amo el baile”.

Marina una mujer que no representa su edad, pues aún calza altos tacones y luce en su rostro la jovialidad y alegría que se presume sólo tienen los jóvenes, no sólo se dedica a bailar en este lugar, también acude cada domingo al jardín del Auditorio Nacional, aún cuando le lleguen los achaques de la edad ella finge no tenerlos, todo sea por que sus hijas le permitan seguir asistiendo.

Aunque el amor hacia una persona se apagó en un momento por diversas circunstancias, Marina halló uno nuevo… el baile, la pasión de moverse y sentir cada nota que mueve sus pies, sus brazos, su cuerpo completo, porque no sólo se ama a las personas, se ama a las cosas que hacemos y todo lo que nos rodea, se ama a la vida misma. Cada día de baile inspira a un día más de vida “no si ya nada más de pensar que se viene el fin de semana me emociona bastante, aquí tengo muchos amigos”.

La razón de que la edad de la mayoría de los asistentes oscile entre los 50 y 60 años, no es otra que el rejuvenecer, sentir el amor de vivir y saber que la diversión y alegría no se va con los años, el llegar a la vejez no implica abandonarse en una silla mecedora en plenos rayos del sol, porque los sentimientos al igual que la música jamás envejecen. Marina y sus compañeros de baile son una lección de vida para todos aquellos que asisten a la Plaza.

El bailar en la Ciudadela no sólo es aprender o demostrar buenos pasos, es cultivarse de la vida para saber llevarla, es conocer gente que está más que dispuesta a compartir sus experiencias, y sobre todo es amar algo que no se considera tangible “no dejen de venir, nunca dejen de bailar o hacer lo que más aman, porque sólo así uno se mantiene viva”.

UNA AGRADABLE ALTERNATIVA DE RECREACIÓN



UNA AGRADABLE ALTERNATIVA DE RECREACIÓN


Es una tranquila tarde de sábado, de esas en las cuales no se sabe ni que hacer para entretenerse o simplemente se desea pasar un buen rato en compañía de la familia, de los amigos, de la pareja y de hasta...porque no con uno mismo , “cholito” como se dice, meditando o disfrutando de un buen libro.

Perfecto, la Plaza de la Ciudadela en el Centro de la Ciudad de México, aquel lugar, el cual en tiempos de la Revolución Mexicana se utilizó con propósitos militares, es ahora la opción acertada para esos fines de semana y salir de la rutina; como el señor Benjamín a quien le gusta visitar la Ciudadela después de su trabajo de redactor en la estación de Radio Reporte 98.5 para relajarse.

¡Hemos llegado! Es la estación Balderas de la línea 1 o “la rosita” como muchos la conocen, un punto cercano y accesible para quien venga de cualquier sitio de la Ciudad, pues se encuentra en pleno centro a unos pasos de la estación ya mencionada que se convirtiera en memorable por su canción alusiva compuesta e interpretada por Rockdrigo González, una gran leyenda del rock mexicano.

Al salir nos topamos con un pasillo, el cual es necesario recorrer para llegar a la Plaza.

En este pasillo se encuentran aglomerados numerosos puestos con la venta de todo tipo de libros y revistas pasadas en su mayoría; así como pulseritas, colgandijos, cinturones, artesanías o comida.

“Quío bolee” de Jordi Rosado, “¿Porqué los hombres aman a las ca...”,(esta bien dejémonos de actitudes tan propias) el libro se llama “¿Por qué los hombres aman a las cabronas?”, “Drácula” de Bram Stoker y antologías de autores como Franz Kafka y Edgar Alan Poe, además de abundantes libros de superación personal son algunos de los ejemplares más vistosos ante los ojos de los visitantes.

Muchos de los vendedores de estos libros pueden hasta casi adivinar el tipo de personalidad de una persona por los títulos que pide:

-¿Tiene algún libro sobre vampiros o algo así?-

-“Claro, mira éste. Oye por el título que pediste suenas como si fueras una persona inestable emocional, ¿es así o me equivoco?-“expresó seguro de su intuición uno de los tantos vendedores de libros en aquel pasillo a un costado de la Biblioteca México.

En algunos de estos puestos también se pueden encontrar cancioneros, una especie de libritos con la letra de las canciones de artistas como Metallica, Placebo, The Cure, del extravagante Marilyn Manson, Nirvana y otros más, para no “Washawasear” a la hora de cantar las canciones de estos exponentes de la música y saber lo que dicen en español.

Casi al final de este pasillo y ya de frente a la Plaza de la Ciudadela se encuentran las adivinas quienes a través de la baraja le pueden decir a los crédulos como será su futuro marido o cuantos hijos procreará.

A llegado ahora sí el encuentro con la Plaza de la Ciudadela, después de ese recorrido. Diversas emociones invaden todo el que arriba hacia esta plaza pues existen un sin fin de opciones para el entretenimiento.

Niños, abuelos, madres, padres, jóvenes están ahí dispersos entre la biblioteca, las áreas de comida, clases de baile, la danza prehispánica...

Bancas dispersas dentro de toda la Plaza, invadidas por la fresca sobra de los árboles, donde personas platican, enamorados se confiesan o transmiten amor, mamas vigilantes de sus hijos que juegan y corren por todos los rincones, lectores quienes con un libro pierden por completo la noción de todo y guardan en su rostro la incertidumbre de cambiar de página constantemente y dormilones que no pierden el momento para recostarse en las bancas y olvidarse del mundo.

Más adelante en el mismo centro de la plaza, a las faldas del monumento a Morelos, se observan las clases de baile, no se trata de ningún centro cultural o casa de baile, es ahí en medio de la Plaza.

Pisotones, 2 pies izquierdos en acción, caras frustradas y la falta de ritmo para sentir correctamente la música se percibe si se es un inexperto en la materia del baile. De lo contrario será sumamente grato aprender de nuevos pasos con la ayuda de los instructores que con sólo un sonido y sus mejores intenciones de enseñar pueden hacer bailar hasta a un “palo de escoba”.

Al son de un sabroso ritmo tropical o salsa y a la elegancia del danzón, baile del cual no sólo participan abuelitos sino hasta jóvenes aprendices; se puede mover el bote a todo lo que da.

Pero aparte de todos estos ritmos, tampoco hay que dejar atrás las danzas prehispánicas; numerosas personas se juntan alrededor de tambores que hipnotizan y contagian con su exotismo a todo escucha o curioso. Las personas saltan con espinilleras llenas de cascabeles en sus piernas que suenan al compás de los tambores; la personas emiten un “jeu” cada vez que se acercan al centro del círculo. Invade un intensa emoción que es imposible no querer integrarse a la envolvente energía de los danzantes.

Así es una tarde en la Ciudadela, una tarde que se puede convertir en inolvidable como le pasó a José Antonio, un joven visitante quien afirma le gusta mucho visitar este sitio porque ahí le declaró amor por vez primera a su actual novia y cada vez que llega al lugar no puede evitar recordar ese agradable episodio en su vida.

Es interesante saber que después de haber sido un refugio de rebeldes contrarrevolucionarios en la Revolución Mexicana, la Ciudadela es hoy por hoy un sitio de recreación para todas las personas, que al final de su visita les es inevitable no pensar en volver de nuevo.